LA MISERIA DE LAS PRINCESAS
No
traten a las mujeres como princesas...esperarán siempre un trato regio, real:
su incipiente vanidad se convertirá en insufrible arrogancia. Trátenlas como
auténticas mujeres: que sientan el cénit y el abismo del amor, que sientan las
miserias, los esfuerzos y sudores de la experiencia amorosa así como sus
deliciosos efluvios, exquisiteces y refinamientos. Una princesa no es nada
comparada con una mujer: la princesa parte de un supuesto: ella debe ser
reverenciada; la mujer parte de una realidad: el amor es una reverencia mutua.
Ven aquí, princesa, para vestirte de humanidad.